Las aguas de la Costa de Trafalgar y del Estrecho de Gibraltar acogen a multitud de especies marinas, desde grandes cetáceos como el rorcual común, segundo animal más grande del planeta, a túnidos como el atún rojo, que migran hacia el Mediterráneo para el desove.

La riqueza faunística de estas aguas se debe en parte a la especial oceanografía del Golfo de Cádiz y el Estrecho de Gibraltar. El primero de estos espacios, el Golfo de Cadiz, posee una plataforma continental muy extensa, entre 25 y 46 km de largo. Para poder conseguir grandes profundidades, nos tenemos de alejar muchísimo de la costa, cosa que influye en la distribución espacial de los cetáceos de esta zona.

Por otro lado, el Estrecho de Gibraltar tiene una longitud de cerca de 60 km y es la única conexión del Mar Mediterráneo con la parte norte del Océano Atlántico. Su entrada occidental, situada entre los cabos Trafalgar y Espartel, tiene una anchura de unos 44 km, y se estrecha progresivamente hacia el este, alcanzando una anchura mínima de unos 14 km entre Tarifa y Punta Cires (Marruecos). Su límite oriental está en la sección entre Punta Europa y Punta Almina (Ceuta), con unos 23 km de anchura. Aunque el relieve submarino del Estrecho de Gibraltar es muy complejo, se puede decir que la profundidad aumenta hacia el Mediterráneo siguiendo un canal paralelo a la costa. En la parte oriental del canal se obtienen las mayores profundidades del Estrecho, con profundidades al norte de Ceuta de casi 1.000 metros. Al este de Punta Almina (Ceuta) se observa un cañón submarino que remonta hasta unos 10 km al sureste de dicha Punta.

Además de esta especial oceanografía, otro de los factores que influyen en la alta diversidad de cetáceos en el la Costa de Trafalgar es que sus aguas son ricas en alimento. Por eso nos encontramos con especies que viven todo el año (especies residentes) y otras que solo frecuentan esta zona en determinadas épocas o en sus migraciones.